Tejer me lleva a la infancia.
Mi mamá y mi abuela tejían. Las miraba durante horas, escuchaba el sonido tranquilo de las agujas, veía cómo de un ovillo aparecía una manta, un sweater, un regalo para alguien querido. Esa imagen se me quedó adentro para siempre.
Cuando empecé Betina Di Luzio en 2011, lo hice como un ejercicio personal: tejer para volver a esa cocina, a esa siesta, a esa charla. Lo que empezó como meditación se transformó en un emprendimiento — pero el ritual sigue intacto.
"Pienso en quién va a usar la prenda mientras tejo. Le voy poniendo una intención a cada vuelta."
Hoy cada pedido es una conversación. Me contás para qué lo querés, para quién, qué color te llama. Yo elijo los hilados, te paso una propuesta y empezamos. Las prendas tardan entre dos y seis semanas — pero cada una llega con algo que la producción masiva no puede dar: tiempo.
Si te gusta lo que ves, si tenés una idea, si querés regalar algo único — escribime. Me encanta diseñar a medida.